En el mundo del PC gaming, el presupuesto suele romperse por el mismo lugar: la tarjeta gráfica. Se puede ahorrar en la caja, estirar la fuente, reciclar un SSD… pero cuando llega el momento de elegir GPU, la billetera empieza a sudar. Por eso, cualquier truco que prometa subir FPS sin hipotecar el escritorio despierta curiosidad.
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Y uno de los más llamativos últimamente no es comprar “una gráfica mejor”, sino comprar dos gráficas baratas y hacer que trabajen como equipo, cada una con un rol específico.
El problema de siempre: la GPU manda y el precio también
Armar un PC capaz de mover títulos actuales con buen rendimiento suele empujar el presupuesto hacia cifras que para muchos ya son terreno prohibido. El cuello de botella no suele ser el procesador ni la RAM: es la gráfica.
En gama de entrada, además, aparece el otro drama: incluso bajando gráficos al mínimo, algunos juegos modernos siguen sintiéndose pesados o inestables.
En ese escenario, la propuesta de una “configuración dual” no busca revivir el viejo sueño de SLI o CrossFire (sumar potencia de dos GPUs para renderizar juntas), sino algo más pragmático: repartir el trabajo.
La idea: una GPU renderiza y la otra “fabrica” frames
El enfoque se apoya en herramientas como Lossless Scaling, un programa que permite reescalado y, sobre todo, generación de frames (LSFG). El truco consiste en algo bastante simple en teoría:
- GPU principal: renderiza el juego (el trabajo pesado tradicional).
- GPU secundaria: se encarga del frame generation aplicado por software.
La gracia es que, en vez de exigir que la gráfica principal haga todo (render + reescalado + generación), se le quita parte de la carga y se la pasa a una tarjeta más modesta. No es magia, pero sí es una forma creativa de exprimir hardware que, por sí solo, no brillaría.
Qué mostró la prueba: una RTX 3050 con una RX 6400 como “asistente”
En pruebas divulgadas por el YouTuber ETAPrime, se plantea una combinación llamativa por lo terrenal: RTX 3050 + RX 6400. Ninguna es una bestia moderna, y justamente por eso el experimento interesa: apunta a un público que compra con calculadora, no con capricho.
Con el frame gen activado, se reportan resultados que superan los 90 FPS en Cyberpunk 2077 a 1440p (según la configuración mostrada en el video), y mejoras visibles en títulos como Spider-Man 2 o Borderlands 4.
En este último, a pesar de la optimización discutible, la configuración llegaría a más de 70 FPS, lo que para muchos ya entra en el rango de “se juega muy bien”.
Lo más sabroso del enfoque es el contexto: el PC base era un Optiplex 7070, un equipo de oficina de segunda mano. Es decir, la idea no se apoya en un chasis premium, sino en una plataforma reciclada con ambición gamer.

El límite real: la VRAM no perdona
Aquí conviene no venderlo como solución universal. El gran problema de muchas GPUs económicas actuales es la VRAM: modelos con 6 GB (como ciertas variantes de RTX 3050) pueden sufrir en juegos modernos, y eso provoca tirones y caídas de rendimiento que ni el frame gen puede esconder del todo.
Aun así, como concepto de “rendimiento por peso invertido”, el invento tiene sentido: si el mercado castiga el precio de una sola GPU potente, dos GPUs modestas podrían entregar una experiencia sorprendentemente decente, sobre todo si el objetivo es jugar fluido más que jugar “en ultra con ray tracing y lágrimas cinematográficas”.
¿Vale la pena? Depende del tipo de jugador
Esta estrategia parece pensada para un perfil claro:
- quien arma PC con piezas usadas o de entrada,
- quien prioriza FPS y estabilidad por sobre gráficos máximos,
- y quien no tiene problema en “tocar ajustes” y experimentar.
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No reemplaza a una GPU potente bien elegida, pero sí abre una vía interesante para quienes están atrapados entre “no me alcanza” y “quiero jugar”.